El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

-- 31 - un be o, entusiasmada por el tono y la ~ctitud con que yo había manifestado mi voluntad. En cuanto á mis tíos, ellos se contentaron con d<..:– cir que yo era todavía un mocoso que no tenía el se so maduro, y que maldito el caso que ellos hacían de mis incautas opiniones. Resolvieron pues que en tanto e me ase11taba el juicio me matricularía en el Seminario de Arequip~ Jonde mis compañeros de infancia cursaban sus pri– meros estudios. Mi tío el canónigo creyó haber puesto una pica en Flandes, considerando asegurada mi carrera ecle– siástica. Siempre que mi tía argumentaba á favor de la car– rera militar, traía á cuento las gollorías de los prefec– tos, pues quli son siempre militares los elegidos para tan delicados puestos. - ¡ Un prefecto !...... ¡ Ah !- exclamaba- no saben ustedes lo que és eso! Yo después de haber sido mujer de prefecto, me río de las mujeres de los pre– sidentes .... :. Eso sí que es ma!'}dar ! Un día la famosa disputa se verificó estando yo aquejado de una pasajera dolencia, más no por eso dejaron de obligarme á guardar cama, y llamaron al doctor, y víme precisado á tomar muchas drogas de– sagradables; y en consecuencia. de estos cuidados, la

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