El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 30 -- esos casos es siempre bién pagado? Y no me ven– gan ustedes , á decir que mi esposo J.;tü gozaba de buena reputación; la prueba es que murió por habe!' encabezado una revolución que debía proclamado presidente de la República . Mis tíos encogiéronse de hombros y uno de ello dijo: - Todo eso es muy cierto: pero yo detesto á los militares y no me resig~iaré á que un Bello vista de militar . Lo cierto es que aquel día se suspendió la discu– sión como muchos otros, sin haber llegado á un ·1cuerdo definitivo, respecto á mi porvenir. Este eterno disputar, sobre sí sería más ventajoso que yo llevara espada y kepí, según la opinión de mí tía, 6 vistiera sotana y cuello de mostacillas, según el deseo de mi tío el canónigo, ó mejor me matricu– lara en el ilustre colegio de abogados, según el sen– tir de mi tío el solterón, parecía no tener fin , y más de una vez convirtióse en serios altercados. Y es el caso que, hasta que yo hube cumplido los catorce años, á ninguno se le había ocurrido el pre– guntarme, cuál era, mi opinión sobre est e punto qu me tocaba á mí más de cerca que á ninguno de lo que, tan acaloradamente lo debatían. Al fin un día, mi tía ( siempre las mujeres atínan. en todo, mejor que los hombres) quiso consultar mi parecer, y con gran asombro de mis dos tíos, parti– dario el uno de la carrera eclesiástica y el otro de la del foro, me decidí por la milicia,- Yo quiero ser mí– milir - dije con la más enérgica resolución. Mi tfa batió palmas y corri6 hacia mí, para darme
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