El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 284 ,:_ Un momento después, llegó el doctor. E] caso era muy grave. La tísis fulminante, estaba en su último grado, de agudeza, Ofelia, recuperó luego el conocimiento ; pero no bien hubo pronunciado las primeras palabras, com– prendí que había perdido la lucidéz de su inteligen– cia, y que sombras fatídicas, oscurecían su razón y efuscaban su vista. Su mirada, antes brillante y expresiva, primcipió á tomar esa vaguedad y atonía, que precede á la muerte. En ese momento, hirió mi oído el lejano campa– nilleo, que para los que hemos vivido en Lima, nos es bien conocido ; luego sentí ruido de pasos en la pieza contigua, y el agitado murmullo de personas que hablan quedo y apresuradas:-¿Qué significa ese ruido ?-pregunté á la mujer que cuidaba á Ofe– lia,-Es el Santísimo que llega en este momento. Una mujer apareció trayendo un crucifijo que co– loc6 sobre una de las cómodas, del dormitorio. Y precipitadamente, sin tardar apenas el tiempo necesario, colocaron largo mantel al modo de los que se estilan en los. altares, y por arte de encanta– miento improvisóse un altar. Cada una de las amigas de Ofelia, fué trayendo al– gún objeto, bien ajeno á la escena que debía reali– zarse ; pero que siguiendo las costumbres, servían para adornar el altar de la enferma. Una invación repentina· llenó la estancia de gen– te desconocida, y lu ego apareció el sacerdote, con el Viático. Traía la expresión tranquila, ind ife rente d l
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