El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 283 - to, quiso dejar escapar de sus lábios, como el más enérgico reproche que ella misma daba á su conduc– ta. -Ofelia! calla, calla! Tus palabras me destrozan el alma, yo no quiero saber nada, te amo hoy mas que nunca, y te perdono todas tus faltas; sí, yo te perdono! ......... Ofelia !-y asiendo una de sus manos la cubría de lágrimas y de besos. Ofelia miróme espantada, y con la expresión · del dolor supremo, exclam6:-Yo no merezco perdon, no merezco perdon ......... ah ! sufro mucho ...... Dios mio ...... Aquí.. .... y extendiendo los brazos con dese~– perado ademán, retorcíase en el lecho, apelotonán– dose con dolorosos alaridos. Luego inerte pálida in– móvil con el semblante cubierto de lágrimas, quedó privada de conocimiento. La nerviosidad casi histérica de ciertos delicapos organismos, exita su sensibilidad, hasta llegar al úl– timo extremo, en todas las emociones violentas del ánimo ; Ofelia pertepecía á éste número, y quizá de– bía ser víctima de su propia sensibilidad. Y o corrí á la pieza contigua, á pedir socorro, y apareció la madre de Ofelia, y luego varias amigas de ésta, que esperaban sin duda que yo saliera de allí, para acercarse á la enferma. Todas llegaron y volvieron á salir en distintas direcciones; la una á llamar al médico, otra á traer la pócima, que ya de– bía haber tomado,_ y que mi presencia había retar– dado. Yo atiné á aplicarle un frasco de sales que me era co11-ociclo, y que tomé qe S<?bre el yelq<for de Ofo- lja. -
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