El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 282 - Nada, ni una palabra, ni una frase, podía articu 6 lar que fuera adecuada á aquel solemne momento. Escuchaba y callaba, como si otro papel no fuera dable desempeñar. Y súbitamente, como si doloroso recuerdo le hu– biera asaltado, cambió de tono y en su frente dibu– jóse aquella siniestra arruga, que yo conocía era sig– no de profundo dolor, y,-¡ Ah !-dijo-también yo he sido víctima de tus errores ; yo que orgullosa con mi título de condesa, esperaba borrar con mis vir– tudes las faltas y desvíos de mi esposo; y quizá tam– bién, algún desliz real 6 calumnioso, a tribuido á al– guno de los mios. Comprendí entonces que Ofelia hacía alusión á su supuesta madre, á quien la opinión pública, señala– ba como á una mujer liviana, cuyas faltas y desvíos eran ya del dominio público. Y con la voz profundamente conmovida, continuó: -He sido muy culpable......... Por soberbia, por or- gullo, quise ser virtuosa, sin otra mira que darle lustre á mi maltratado título de condesa; por eso he caído como el ángel despeñado del Empíreo; he caído en el abismo de la prostitución.......... ¿ Lo ig- noras? ............ Ah! es preciso que lo sepas: la mayor parte de tus partidarios, no fueron más que amantes mios! Infames ellos !. ..... mas infame yo, que no comprendí toda mi abyección ......... ¡ ah! yo no fuí mas que una ......... En este punto Ofelia, covulsa, llevóse con nervioso ademan, ambas manos á la bo– ca, cual si pretendiera ahogar aquella oprobiosa pa– labra, que en un arranque de doloroso arrepentimien-

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