El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 280 - mentos de aberracionnes, llegaste á creer que tus ene– migos políticos eran hombres no solo de otra raza, sino también de otra especie, y también te equivo– caste. «Pretendiste ser jefe de partido y lo alcanzaste ; pero ¿ cuál fué el contingente que llevaste á la lu– cha ? En política el que se presenta sin un ideal, sin un principio, es como el que vá á una batalla de– sarmado. Se puede en el primer momento producir grande efecto, y conquistarse partidarios ; pero todo pasa y se evapora, como cosa sin consistencia con– denada á perecer, por falta de vida. «Lo que tú fundaste no fué un partido fuerte, sóli- ,, do y compacto, sino sólo una agrupación de especu– ladores, de hombres viles, que se complacían en adularte con el fin de medrar, si alcanzaban el triun- fo difinitivo. <(Te asombrarás de que yo te hable este lenguaje impropio en l0s lábios de una mujer; es que hace años, desde que tú me lanzaste en el torbellino de tus partidarios, he observado mucho y he aprendido mu– cho más. Si antes no te he hablado con esta claridad, es porque entonces, yo también corno tú, me sentía mareada y desvanecida con el incienso de la adula– ción. «Es necesario los duros golpes de las descepciones, para que la razón vea con claridad, y se coloque en el verdadero punto de partida.» Después de una corta pausa, Ofelia con la ento– nación profética de la persona que habla con entera convicción, y corno si siguiera, el hilo de su pensa-
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