El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 2 79 - -Mi enfermedaad es incurable; siento que la muerte me tiene asida por el cuello, y me lleva muy de prisa. Y con esa su eterna chispa, y donaire en el decir, llevóse la mano al cuello, y sonrió, como si simula– ra que estaba cogida, sin remedjo, por la descarna– -da mano de la muerte. Tras corto silencio, Ofelia. ajitada, y con la mira– da lucífera, pasó varias veces su mano por la frente, como si allí sintiera bullir un mundo fo ideas, luego dijo: -Tú en tu vida públir,a has cometido grandes errores, y yo que hoy veo con claridad el pasado, quiero decirte algunas verdades. -No olvides que si mis acciones fueron malas mis intenciones fuéroh siempre buenas-dije ago.– biado por el peso de la realidad. Ofelia se encontraba en uno de esos momentos de lúcida visión, de nerviosa elocuencia; una de esas ráfagas ó destellos intelectuales, que el cerebro co– mo la ,uz agonizante, lanza con poderosa y extraor– dinaria fuerza. Sin mirarme, con la vista fija en -los cortinajes d9 lecho, con el semblante iluminado y la expresión ani– mada, cual si la supervidencia magnética y sobre natural la poseyera,, decíame: -«El amor propio, la vanidad, te han perdido ; te consideraste tan grande que imaginaste que tu per– sonalidad sería suficiente para dar vida propia y per– durable á un partido, y te equivocaste. En tus mo

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