El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 278 - prem9 que anonadan y entontecen. Al fin, quizá con. el temor de ver agonizante á Ofelia, dirigí hácia ella mis ojos anublados por las lágrimas; y entonces la ví con la angélica y beatífica expresión de las personas que mueren tranquila y dulcemente. Con el acento apasible, propio del que habla despi- . diéndose de una vida que pronto vá á dejar.- Jorge– me dijo-deseo hablarte largo ... mucho, muy largo ... Tiempo há que medito sobre tu situación, y en este momento, siento la supervidencia, que preside á la muerte ! : ........ Me parece que un velo se hubiera descorrido ante mis ojos, y que mi inteligencia tu– viera la lucidez suficiente, para abarcar y darse ex– plicación de todo aquello que antes era oscuro é~-~ / i ninteligible ! .. . .. . .. . .. . ,,,- Ofelia calló, y yo con grande esfuerzo pu - Yo te lo ruego, no te preocu ~~ por ninguna cuestión, que no sea la de recuperar tu salud. -No, es que siento necesidad de hablar; me pa– rece que así fuera á aliviarme de un gran peso. -Pues bien habla; yo te escucho y guardaré en mi alma cuanto quieras decirme. -Ya sé que dentro d~ pocas horas debes salir des– terrado de este país: es justo que así sea. -Si Ofelia; yo debo partir, y me alejo en los mo- mentos que más quisiera estará tu lado ........ . -Antes que tú hayas salido de aquí, yo habré muerto! . -No.. tú no morirás, y si es posible, yo te llevaré conmigo. / I I i ,J
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