El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 271 - nes, y yo foí arrastrada como la brisna de yerba caída en el torrente. Todas estas palabras me las repetía yo, imaginán– dome que Ofelia llorosa y desesperada me las decía en aquellos momentos. Y calenturiento exitado, dejé el lecho, con el cere– bro pesado y el corazón lleno de la imágen de Ofe– lia. He sido injusto, he sido temerario yo debo amar- la. Ofelia querida mía, perdón, perdón! ....... .. En este estado pasé tres días más. Al cuarto cor– rí á la mesa donde había recado de escribir, y la di~ rigí la más apasionada y amorosa carta, que e.n mi vida he escrito. Aquel día no era cólera, indignación contra cada uno de los que se me acercaban manifestaba yó; era algo más que me sublevaba, la sangre, sin darme cuenta de lo que por mí pasaba. Y á cada instante recordando Ofelia me decía: - Yo soy el ·único culpable! Yo el único ingrato y to_ das las faltas de ella se ocultaron á mis ojos que no acertaban á ver más que su belleza y sus generosas acc10nes. Recordaba todos los menores detalles de nuestros primeros días de amor, y me decía á mi mismo;– Ella era buena y virtuosa, yo la he lanzado por el camino de la perdición. Y engalanándola con todos los atractivos de sus pasadas virtudes y su actual belleza, la amaba en - tonces con mayor vehemencia que antes.

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