El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 270 - Para afirmar y vigorizar tan favorable reacción, decíame á mi mismo:-Ofelia es la causa única de mi ruina. Ella ha tenido sombra fatídica para mi; esto yo debía de haberlo previsto. No es dable que– brantar las reglas sociales, ni los principios morales, sin ser víctima de ese temerario intento. Un hom– bre público que se presenta al lado de una querida, máxime si ella es casada, lleva todas las probabili– dades de un fracaso. Yo me encontraba en el auge de mi gloria, en el pináculo de mi popularidad, cuando la conocí á ella; y desde ese momento, desde ese punto, ha comenza– do la descención lenta y desapercibida en los co– m_ienzos, y luego rápida y violentísima. Ella, ella so– la es la causante de mi ruina. No debo amarla no, ni aún acordarme que ella existe. Aquella primera noche dormí mal, inquieto y de– sazonado . La impresión de contento y bienestar del primer momento, pasó rápida como pasan las ráfa– gas de aire fresco y puro, en cálida y pesada atmós– fera . Veía á Ofelia llorosa, acusándome de ser yo el causante de todas sus _faltas: -Ingrato, yo si que te he sacrificado mi posición social, mi pequeña fortu– na y lo que valía para mí más que todo, mi honor. Yo era virtuosa, bien lo sabes tú; nadie antes que tú había alcanzado nna mirada una sonrisa de amor, porque quería guardar mi corazón, como uno de mis mejores títulos de nobleza. Tú los has hollado, lo has pervertido; tú lo inoculastes de tus locas ambicio-
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