El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 268 - amantes, si es que no han perdido su delicadeza y dignidad; una de esas escenas en que se sueltan pa– labras que son como la cuchilla que corta los lazos q\le unen dos corazones. Yo la dí ese nombre hi– riente infamante que solo merecen las prostitutas; ella ¡ ay! yo la disculpo, me dijo que era un misera- ble un ...... ¡ Ah ! si, yo comía con la prostitución de ella! .................... . * * * Salí de la casa sin despedirme de Ofelia; los poli– ciales habían traído un coche de alquiler, subí al co– che, contento, risueño, con deseo de decir bromas y creo que si me hubiera sido permitido, hubiese prorrumpido en gritos de alegría, diciendo á cuanto, veía: Voy preso, pero ya estoy libre, libre de mi ver– dadera prisión. Sí en verdad; mi cabeza se alzaba más libremen– te; el aire entraba á mis pulmones en mayor canti– dad; los músculos de mi cuerpo tenían mayor elas– ticidad. Y yo bajo de la mirada investigadora de mis apresadores, repetíame con íntimo regocijo:-Ya soy libre! ya puedo dejar de amarla. En ese momento mismo, estaba íntimamente convencido que yo no amaba ya á Ofelia. En el tránsito de mi casa á la Intendencia á don– de yo era conducido, encontramos á uu pobre hom– bre, que en estado de ebriedad, era víctima de mal– tratos y golpes de dos policiales; y yo compadecido de él, saqué la cabeza por el ventanillo del coche, pa-

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx