El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
·- 23 - c1uistar la independ ncia de la patria ciando fin, con la dominaci61:1. española. Quizá si los peruanos nos hcm0s queda :lo conta– minados de aquellas grandes conspiraciones que tan– ta gloria y renombre dieron á los que las llevaron et término. Y yo con la inconsciencia propia de mi edad, y en fuerza de escuchar las interminables historietas d€ todos los revolucionarios, tanto pasados como pre– sentes, concluí por imaginarme, que conspirar, era simple y llanamente, como el reverso de una meda– lla; es decir, que si por un lado había un presidente, nvestido con toda la autoridad de tal, por el otro debía haber, indefectiblemente, una larga legión de conspiradores. Esta suposición, ó deducción, que se diría absurda, y demasiado premeditada para un niño de doce años corno era yo entonces, aparecerá lógica y natural, si se considera la atmósfera revolu– cionaria en que se desarrollaron y formaron mis ideas. Hoy que considero el pasado con toda la severi– dad de mi sereno juicio, debo hacer constar, que las culpas cometidas en mi vida de hombre público, más que mías, son de mi época, de esta generación á la que pertenezco, y que, corno fatal herencia, lleva el espíritu subversivo y revolucionario de los ínclitos conspiradores, que también fueron los grandes pa– triotas, los beneméritos que derrocaron el poder de la dominación española en el Perú. Para dar idea, hasta qué punto debía estar arrai– gad@ en mi conciencia, el convencimiento de ser la
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