El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 2d. - --- 1 aparición de las revoluciones, tan naturales y co– rrientes, como son en Arequipa los temblores de tie~ rra; bastará apuntar aquí que en la casa que habita– ban mis tíos, habían habitaciones destinadas exclu– sivamente á dar asilo << en los dias de balas y cierra jmertas ►>, á la gente pobre de la vecindad. De suerte que, con las primeras detonaciones, de las descargas de los sublevados, y á la vez que en la calle se agi– taban y bullían los curiosos y espectadores, veía yo llegar .á mi casa, larga ringler~ de colchones arrolla- dos, y traídos en hombros, por sus propios dueños; los cuales eran en su mayor parte, mujeres y niños, manifestando la precipitación y susto de su huida en aquellos fardos, semejantes á animales destripa– dos. Un detalle muy importante en las sublevacione de los pueblos del Perú; es el toque de a arrebato 1> de la iglesia Matríz; nada tan aterrador é imponente como aquel tón ! ...... tón ! ...... tón !, bronco, pausado terrible, como que es la voz sonora de un pueblo su– blevado. Toda vez que la gran campana sola, sin el alegre acompañamiento de sus compañeras menores sonaba, quería decir que silvarían balas, y correría sangre ; y con esto basta para dar idea de la pavura, que del ánimo se apoderaría, cada y cuando el tañer de la gran campana, hacía saltar hasta la piedras de las calles de Arequipa. Y entonces yo corría á una de las ventanas que daban á la calle, para ver los semblantes de los tran– seuntes, no con el espíritu observador del fisonomis– ta, sino con la curiosidad juvenil de mi edad; y lla– maban mi atención las caras alborozadas de los qu
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