El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 264 me apresaran, preveyendo que la pena había d€ ser el destierro; y éste; ·que para un hombre en su estado normal, para uno que como yo no se sintiera escla– visado por sus propias pasiones, es cruel castigo; yo le miraba como un medio de curarme, como una puerta de salida, la única que me obligaría á sacu- dir, esa anómala situación. · Y como sucede frecuentemente, en los caracteres - débiles, dominados por una pasición, las explosiones de rabia, de ira, eran violentas y frecuentes, agré\.va– das por la falta de estimación que ambos sentíamos el uno para el otro. Las palabras hirientes, salían de nuestros lábios como dardos lanzados para desgarrar nuestras car– nes; entre nosotrós no hubo ya ni esos retornos tran– quilos que suceden á la tempestad. En los momen– tos de mayor afecto, cuando yo sentía fundirse mi / corazón de ternura, me asaltaban deseos de pegarla de golpear su cráneo contra el suelo, en castigo de su perfidia y su infamia. Pero ' luego me decía á mi mismo: - Y yo ¿ hé cumplido acaso con mis deberes de hombre y de ca– ballero? ¡Ah! no, seis meses habían trascurrido, día por día, hora por hora, satisfaciendo yo todas las ne– cesidades de mi vida, sin cambiar un ápice de mis antiguas costumbres y de mi regalada vida; y no obs– tante, yo · no había contribuído con un sólo real á esos gastos, que debían ser todos pagados por mí. Después de hacerme estas reflexiones calmábanse todas mis cóleras, y vol víame hácia á Ofelia para estre-

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