El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 265 - charla con mayor ternura en mis brazos, diciéndola: -Temo perderte, ¿ díme, tú me amarás siempre? Me parece que hubieras cambiado, y yo me moriría si te perdiera. Y Ofelia correspondiendo á mis caricias me ase– guraba que su amor había de ser eterno; y después de trascurridas algunas horas, me horrorizaba al pensar que aquella situación había de alargarse; y la c.ólera y el disgusto me embargaban hasta ser in. justo.en todas mis acciones y reproches. Para agravar mi situación cada día más; sucedié– ronse con espantosa crueldad las decepciones polí– ticas en lo privado; y en lo público, el silencio; si– lencio completo, respecto á mi partido. ¡Ah! bien sabía yo que esto es sintomático de una irremedia– ble muerte política. La ruína de mi fortuna, mi larga prisión, mi vida de refugiado en casa de Ofelia; en casa de mi que– rida; mi casi prescindencia de todo lo que se rela– cionara con mi- partido, para pensar sólo en mis preocupaciones de amante; amante público de una mujer casada, todo había contribuído á labrar mi caída, que será tal vez definitiva. Yo sentía en mi conciencia la helada mano de la muerte; de esa que es el anonadamiento del ser mo– ral; la supresión del hombre público, dejando en su lugar, tan sólo un hombre, un cadáver político que 34

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