El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 263 - punto de partida y á Ofelia por fin y remate de ellos. Y después de una escena ruidosa de increpaciones de injurias groseras, yo me humillaba y venía á pe– dirla per<lón, asegurándole que ni la más leve sospe– cha atravezaba por mi mente. - Perdóname Ofelia, perdóname; yo estoy deses– perado, no sé qué hacer; temo perderte y esta idea extravía mi razón; lo he perdido todo, ya lo vez. hasta mis amigos me han abandonado, no me queda más que tu amor. Y entonces yo lloraba, si, lloraba corno un niño, sin atreverme á confesar lo que ya más que sospecha era una convicción . Ofelia me engaiiaba, y yo no tenía el derecho de acusarla, de reclamarle fidelidad; ella iba á buscar en otro amor los recursos necesarios á nuestra exis– tencia, y yo cometía la indignidad de aceptar aque– lla cruel humillación. Cada día al dejar el Jecho, me prometía á mi mis– mo abandonar aquella morada, huír de la deshonra que como miasma pestilente, envenenaba mi sangre, y al finalizar ese día, me encolerizaba, contra mí mismo, y nuevamente me prometía no dejar pasar el siguiente, sin tomar una enfrgica y decisiva reso– lución. Y todos los días trascurrían iguales, negros, pesa– dos, lentos, como el martirio que me torturaba el alma. Llegué á desear ver terminada aquella situación, aunque fuera á costa de mi lihertad; sí, deseaba que
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx