El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 26r ción del que se venga, aunque no sea más que de su propia cobardía. Pero luego que hubo pasado aquella ficticia exci– tación, producida por el ex:::eso del licor, volví á mi estado de esclavitud, de abyección; volví á ser el amante que, antes que perder á su amada, transije con todas las humillaciones, impuestas por la situa– ción. En el público principió á susurrarse la especie de estar yo ocnlto en la casa de la Coronela Bella; y como si el Gobierno hubiera querido darme la me– dida de mi desprestigio, ni aún hizo la menor tenta– t:va para apresarme. Yo ·era ya un hombre que no merecía ser perse– guido, á pesar de mis intentos revolucionarios; yo estaba en la mjsma condición de un conspirador vulgar, inofensivo, á quien se le deja en completa libertad, porque no merece darle la importancia de apresarlo. ¡Ah! entonces no supe comprender ni valorizar, que éste ppdía ser el peor síntoma de mi próximo hundimiento! No obstante, mis amigos y Ofelia misma, quisieron á todo evento, que yo permaneciera oculto, que de otra suerte aparecería cual si yo desafiara con mi presencia á la policía. Y yo que no me daba prisa en salir, porque no sabía qué hacerme en la calle, convine en quedarme allá, halagado con la idea de que me hallaba perseguido por el Gobierno. Desde el día que principiaron las salidas nocturnas de Ofelia, el dinero no volvió á fa_ltar en la casa; pero

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