El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 260 -- Alegreminte dijo ella, y yo ¡ miserable de mi! que sa– bía que iba á convidar y á comer, con el dinero que para mí significaba la prostitución de mi querida, de la mujer á quien el mundo, la sociedad, que es bastan– te r'"'rrompida, para dejar de ser tolerante, conside– rahan casi como á mi esposa, dí mi asentimiento pa– r~ esa nueva degradación. La sociedad la había bautizado con mi nombre; se le llamaba la Coronela Bella, y de pués de escú– char los proyectos de Ofelia, yo no tuve una pa– labra de protesta, una de esas explosiones de ira, de coraje, que son expresión de la virilidad de un espíri– tu; no, no la tuve y convine en comer con mis ami– gos, y casi estuve contento. A la debilidad del ca– rácter, vino á juntarse la abyección del sentimien– to! ...... Y para que no faltara, ninguna ruindad mía, aque– lla noche, déspués que se hubieron retirado mis ami– gos, después que hubimos tomado muchas copas de champaña, con el cerebro embotado, con la concien– cia ofuscada, por un pretexto cualquiera, por una disputa pueril, abofetié pesadamente el rostro de Ofelia. ¡Ah! es que los celos me devoraban el alma! -¡Jorge; Jorge! por Dios que te he hecho ¡ ah l eres muy cruel! ........ . Y brutalmente la empujé contrá uno de los mue– bles de la estancia. Y cuando Ofelia sollozaba, yo sentía la satisfac-

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