El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 258 - milde, había de a:cercarme á ella, como el lebrel que lame la mano que tan pronto le acaricia como le castiga. Dos horas después llegó Ofelia; traía el color en - cendido, el cabello descompuesto; pasó á mi lado sin mirarme. Yo sentí ímpetus de lanzarme sobre ella, de pegarla, de extrangularla; pero ..... .... uo sé lo que pasó por mí. En vez de dar rienda suelta á ' mi justa indignación, á mi amor ofendido, hice es– fuerzo por dominarme, y endulzando la voz, la dije: - Qué largo te has paseado! .. . ..... . - No he estado paseando sino en otra parte. Y como para dejarme adivinar lo que podía haber estado haciendo, dirijióse al mayordomo del servicio pata decirle: - Mañana á primera hora, irá Ud. donde el carni– cero y donde el pulpero, para decirles que me traigan las cuentas para pagarlas. · Esa canalla me amenazó ayer con demandarme judicialmente. Bonita hubiera quedado la querida del Coronel Bello, dema,ndada por el carnicero y los pulperos que abastecen la casa donde vive el jefe de uno de los partidos políticos más influyente de este país ......... já ...... já ...... já. Y Ofelia prorrumpió en estrepitosa carcajada, que me produjo el mi3mo efecto que el brusco rozamien– to de una acerada lima. . Quise hablar y enmudecí . Qué podía decir qué podía exigir, cuyo resultado no fuera la agravación de todos mis infortunios! Como Prometeo sentíame atado á una roca, en
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