El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 2 57 - Vuelvo á subir al coche y doy la dirección de mi casa, sin pensar que así podía revelar el lugar de mi escondite. Pero en ese momento, no me dominaba mas que un deseo: castigar á Ofelia, y ante él desa– parecían mis otros temores ó deseos. Voy á matarla, sí, debo matarla que solo así cas– tigaré su perfidia y deslealtad ! Ella me engafiaba y burlaba mi amor y mi credulidad! Y yo que la amaba tanto! ........ . ¿Qué haré? Qué reproches puede hacer un hom– bre que no tiene un céntimo, y que hace tres meses que se sienta á la mesa sin dar para los gastos de la casa! Es decir que yo estoy comiendo con la pros– titución de la mujer que amo ; es decir que he des– cendido al último escalón, al que un hombre de mi condición puede llegar !........ . Y desesperado, furioso corrí á tomar mi revolver, no para matar á Ofelia, sino para matarme yo mis– mo. Y cuando revólver cayó de mis manos, por faltarme el valor para descargarlo-¡ Ah! exclamé-ni siquie- ra tengo valor para morir dignamente !........ . Y, quedé anonadado inmóvil, sumido en espanto- sas reflecciones !. ....... . Sentía en mi alma que algo como hebras frágiles se iban lentamente rompiendo; y al pensar que de– bía de encontrarme en presencia de Ofelia, parecía– me que había de faltarme la enteresa del Juez que se presenta ante el culpable, y que, pusilámine y hu- 33

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