El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
-- 256 herida, que hubiera dado parte de mi vida por evi– tarla. El coche de Ofelia se detiene y el mio también .. En ese momento sonaban las nueve de la noche en la campana de San Pedro. Ófelia desciende del coche, y un hombre la es– pera en el quicio de una puerta de calle. Tan pron– to como lavé él ll egar, se escurre cautelosamente, y entornando el postigo, la espera que entre, y cierra violentamente la puerta pequtñ.a, pués la grande es– taba del todo cerrada. Subitamente se encienden en mi alma deseos de exterminio de horrible matanza; y con la mirada e~– traviada y el pecho anhelante, corro á la puerta pa– ra echarla abajo para incendiarla y destruirla y ar– rancar de allí á mi amada ¡ oh t aquel momento fué de tortura y cruel padecer t Por un momento quedé anonadado, sin fuerzas sin conciencia de mí mismo, con ambos brazos co– locados contra aquella puerta que yo quería des– truir, y la cabeza apoyada allí, sin dicernimiento, 5jn rasocinio, casi desvanecido. No sabría decir cuánto tiempo permanecí en ese estado. Cuando volví en mí, subita reacción operase en mi ánimo, y en ese momento recordé á los policialE:s que me perse– guían ; recordé mi probable prisión, mi vida en peli– gro, y sobre todo esto, mi dignidad de hombre, arras– trada por el fango, pues que me presentaba persi– guiendo á una muj er que no era la mia y que á más era dobl~mente infi el.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx