El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 252 - -Pero es que le he de firmar pagaré por tres mil soles. ¿ Lo oye U.? -Aunque lo firmara U. por veinte mil; es el caso que no tengo ni diez· soles disponibles. Y al :qµ llegó el día, que yo vivía á expensas del dinero que Ofelia podía conseguir con ventas á cual más descabelladas. Mi dignidad y mi amor propio, sentíanse cruel– mente _lastimados: vivir á expensas de una mujef, es la mayor ignominia para un hombre delicado. Pensé que deber mio era manifestarle á Ofelia: mi resolución de abandonarla, puesto que, me hallaba en la imposibilidad de llenar deberes que, en nuestra vida de amantes, eran sagrados para mi. Antes de hablarla sobre este punto, preparé su áni– mo favorablemente, manifestándome, más que nuw ca afectuoso y extremadamente obediente, á sus más caprichosos deseos. -Ofelia - díjela un día- es ~ecesario separar– nos; me es forzoso dejarte en libertad; y esto en el momento en que yo quisiera encadenarte para siem– pre entre mis brazos; pero comprendo que no debo sujetar tu vida jóven y feliz, á la mia desgraciada y miserable. Seremos dos buenos amigos; ya com– prendes lo que por mí pasa: yo no podré dejar de amarte jamás. Y al decirla estas palabras, yo estrechaba amoro– samente sus manos, dejándola comprender que m 1 amor no había disminuido un punto.
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