El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 251 - Los préstamos se sucedian uno tras otro, y mis amigos, aquellos que antes siempre salieron de mi casa, con los bolsillos, repletos de oro, y que aún con– servaban algún resto del prestigio que puede dar el recuerdo de la gloria pasada, decíanme asombrados: - ¡Cómo! U. pide dinero prestado? ......... ¡ usted ! ...... ! usted! ........ . -Sí! pero sólo por pocos días; es que me ha fal– tado uno qne debía traerme alguna gruesa suma. Y aquel dinero pedido á los que fueron mis parti– darios, aumemtaba mi descrédito y acrecía mis deu– das, las que ya habian principiadq á considerarlas, en el número de las incobrables. Un día vino Ernesto á verme:-Déme U.-le dije– quinientos soles; le firmaré un pagaré por tres mil, para cuando ......... -Para cuándo?...... interrum- piome él con aire asombrado.-Para cuando triun- fe mi partido y llegue á la presidencia! ...... -Ta ...... ta ...... ta. _ ..... tá ...... Todavía está U. soñando con la presidencia? - ¡ Pues qué! ¿ no tengo ya par– tidarios y amigos? -Amigos y partidarios! ...... y pidiendo quinien- tos soles prestados! ...... ¡Hombre! mejor será qu e no me haga U. hablar. -Quiero una contestación categórica: me dá ó no me dá U. los quinientos soles?- preguntele indig– nado. - Pero hombre! de donde diablos quiere U. que yo saque quinientos sole5? cuando con haberme me– tido en su partido,he perdido más de veinte mil so}es.
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