El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

250 según decia ella, si, porque sin él, era fuerza renun– ciar á toda esperanza de realizar ningún plan de conspiración. Algunas veces, veíala ajitada, dialogando consigo misma, yendo y viniendo, cual si una idea fija la per– siguiera de continuo:-¡ Ah ! -esclamaba á cada pa– so-no tener dinero, cuando hoy, sería tan fácil ha- cer una revolución!. ....... . Y después de estas exclaciones, quedaba pensati– va, y en el entrecejo se dibujaba una honda arruga, y sus labios siempre serenos y risueños, se contraían en signo de profunda preocupación. Día tras día, fueron presentándose más apremian– tes nuestras necesidades, hasta q 1 ue llegó el momen– to en que, para satisfacer los gastos de nuestra vida ordinaria, Ofelia, recurrí& á mii arbitrios, á cuál más desesperados, sin desechar el ir á las casas de préstamos, donde fué preciso llevar, primero los ani– llos de Ofelia, luego sus pendientes y botones de ore-: ja; y por fin, agotadas todas las joyas de lujo, fué preciso llevar tambien, mi relój de bolsillo. Cuán crueles y dolorosas fueron para mi esas im- presiones! ................. Cada uno de esos objetos, sa- lidos de nuestros cofres, para ser llevados á las pren– derías, mirábalos yo, cuál si fueran piedras arranca- das por furioso vendaval del edificio de mi gloria– bamboleante ya y próximo á derrumbarse. Y aun– que fueran joyas inútiles, que ni yo ni Ofelia usá– bamos, parecíame que junto con ellas, lleváranse par– te de mi honor, parte de mi ser moral.

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