El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 2 44 - Yo había formaJo un cuerpo sin alma, ó lo que es lo mismo una agrupación sin principios, y que por ende debia quedar á merced del primero que se pro– pusiera apoderarse de ella. Seis meses de prisión y alejamiento de mi partido, y la convicción, de mi ruinafinanciera,han sido sufi– cientes causas para matar aquella entidad política que tan ruidosamente se llamaba el bellismo. El entusiasmo de los partidos políticos, es como el amor de l_as coquetas, se evapora el día menos pensado. Los partidos sin principios, son entidades que viven de impresiones nuevas; el último candida– to que aparece, es el que se sobrepone á los demás. Día tras día presencié el desbande de mis amigos, sin que me fuera dable evitar aquella desmembra– ción, semejante á la de un cadáver presa de la putre– facción. Y yó á mi pesar, me sentía anonadado y arrastrado hácia aquella sumersión, que debía sepul– tarme á mi y á todos mis prosélitos. Por entónces, habíase difundido la noticia referen– te á la ruina total de mis rentas: y unos le dieron asentimiento, otros la rechazaron cual estupenda im_ postura. Decíase, que era imposible que y6 hubiera derro– chado cuarenta millones, que era la suma á que ha– cían ascender mis utilidades en el Ministerio de Ha– cienda. No obstante, acentuábase en el público, cada día con mayor insisttncia, la convicción de haber yó per-
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