El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
-- 24-2 - Para verme lib~e de asaltos y zozobra~, que podían amargar mi nuevo asilo, alcancé por medio de Mon– talvo, que el señor intendente de policía, mediante un regalito competente, ( un cheque de seis mil soles nada más) conviniera en ablandarse para dejarme tranquilo sin temor á sus persecuciones. El señor intendente de policía, antiguo amigo y partidario mío, comprometióse á p~rseguirrne con toda la actividad posible, para aparecer ante el pú– bico, cual un sabuezo empeñado en atrapar la presa ; con la sola diferencia de que él había de buscarme muy léjos de donde yo me hallara. Por ejemplo, si yó me ocultaba por Maravillas, él debía, buscarme por el Camal, ó si por Belén, él debía dirigirse Abajo del Puente. Seis mil soles para comprar mi seguridad y tran– quilidad, parecióme bien poca cosa. V luego yo ne– cesitaba principiar con mayores bríos la organización de mi partido, para intentar un nuevo movimiento revolucionario. Pero no bien me propuse dar vida y acción á ese cuerpo, que se llamaba el bellismo, y que en no leja– no tiempo, había alcanzado las proposicionesZde un coloso, que pudo abarcar toda la República de uno á otro confin; no bien quise volver á ser la cabeza que debía pensar y mandar á aquel cuerpo, cuando me dí con la cruelísima decepción de ver, palpar y sen– tir, que en él habíanse operado cambios radicales to– dos adversos á mí. Los sucesos que yó en un principio consideré, cual
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