El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 2..¡.r -- da la iglesia, y en la sacristía, el capellán después de desempolvar un viejo confesonario que estaba allí á semejanza de un inválido en su cuartel, se11alóme el asiento, diciéndome: -Aquí, aunque no del todo cómodo, estará U. tranquilo y muy seguro. En la casa de Dios nadie corre peligro. Yo me limité á hacer un signo afirmativo en señal de asentimiento. VI. Libre ya de mis carceleros y lejos de la mano ho– micida de mis enemigos, discutimos largamente so– bre la conveniencia de abandonar el país, 6 mejor quedar oculto con el fin de comunicarme con mis amigos. Mi opinión fué á favor de la permanencia en Li– ma; y si he de decir la verdad, más que mis ambicio– nes y mis Jplanes políticos, influyó en esta decisión mi amor á Ofelia. Yo había pasado á ocupar una casa, que por ser objeto de un litigio sobre su propiedad, se hallaba vacía hacía doce años, sin que persona alguna la hu– biese habitado. La entrada á esta casa, la establecimos abriendo en el muro colindante una puerta, la cual quedaba oculta en uno de los muchos retretes y cubículos que en el interior de las iglesias se encuentran. Por allí podían entrar y salir mis amigos: y caso de necesi– dad, también Ofelia, pues que era posible la entrada., sin 5.0licitar la venia del señor capellán.
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