El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 240 - rrera, yo me encontré frente á una de las iglesias de Lima, y Montalvo desempeñando su papel de coche– ro, metió la cabeza dentro del coche, y muy sigilosa– mente, díjome. -Siga U. derecho á la sacristía, allá lo espera el capellan; ya tiene instrucciones. Como en esta ocasión se trataba de cosa tan gra– ve como una fuga, fué preciso tomar todo género de precauciones para que desapareciera cualquier ras– tro ó indicio que pudiera descubrirme; tanto más cuanto que las casas de mis partidarios, estaban todas bajo la vigilancia de la policía. Montálvo abandonó el coche que supongo fué lue– go alejado de aquel lugar, y siguiendo mis pasos vi– no á juntarse á la entrada de la iglesia. El capellán me esperaba conforme á la adverten– cia de Montalvo; y una vez dentro de la iglesia es– te, tomando el tono misterioso que las circunstan– cias requerían, díjome: -Aquí será necesario que permanezca U. toda esta noche. Es muy posible que tan pronto como el Gobiérno descubra la desaparición de U. principien á allanar y rejistrar las casas de todos los amigos de U. - Si señor-afirmó el señor capellán-aquí será preciso que se quede U. hasta que haya pasado la pri– mera impresión de su fuga. Yo me encontraba tan cohibido y desconcertado que, temiendo ponerme en ridículo, prefería guardar silencio, y aparecer meditabundo. El señor capellán, Montalvo y yo atravesamos to-

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