El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 2 39 - -Si, estás perfectamente disfrazaJo ...... como tú eres rubio ...... Vamos vamos! ...... y con extraordina- ria fuerza, Ofelia llev6me tras sí sin poderlo evitar. Así que nos hallamos en el gran patio de la Inten– dencia, sentí que la mano de Ofelia temblaba, no obstante, volviéndose ella hácia mí, dijome:-Valor y adelantel El oficial comprometido, y que debía fugar con no– sotros, nos condujo por camino seguro, hasta la puer– ta del Palacio de Gobierno. Ningún accidente des~ graciado, detuvo nuestros pasos. Los guardias, unos no estuvieron en sus puestos y otros, no fijaron en nosotros la atención. Cuando nos hallamos en la plaza principal, ere¡ estar soñando. -Estamos salvos!-Gracias á Dios!-fueron las exclamaciones que de los lábios de ambos se esca– paron. -Sube. á ese carruaje. Adiós!-díjome Ofelia, to– mando el camino hácia la calle del Arzobispo. En ese momento, acercóse un carruaje y después de una contraseña, convenida, subí y cerré la puerta sin aparentar precipitación ni temor. Ofelia no tuvo ni tiempo, ni tranquilidad para in– formarme del plan combinado: apénas si alcanzó á decirme:-Montalvo es uno de los que con mayor actividad ha trabajado para tu fuga. Él te espera dis– frazado de cochero; tú déjate guiar. Cuando el coche que me conducía detuvo su ca-
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