El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 238- Ningún lenguaje humano tiene frases más elo– cuentes que estas, si ellas salen de los labios de la mujer que, como Ofelia, puede presentar sus accio– nes, como comprobante de sus palabras. Estaba ya yo á punto de decirla, como en el pri– mer momento: - Haré lo que tú dispongas-y obe– diente y resignado, tomar mi traje de mujer para disfrazarme muy formalmente con él; cuando por dicha mía, recordé que, en los primeros días de mi prisión, un buen amigo mío, me había traido unas largas patillas negras y una peluca idem, para el ca– so que yo quisiera fugar disfrazado. De esta suerte, podía Ofelia acompañarme, que– dando así salvado el inconveniente de salir dos mu– jeres; 10 cual, según su opinión, debía inspirar sospe· chas, á los que, no perteneciendo á los nuestros pu– dieran vernos. Corrí hacia un pequeño maletón de víaje, en el que yo guardaba mis ropas de vestir; y sin hablar pa– labra, coloqueme mis largas patillas y mi espesa pe– luca. Ofelia continuaba sollozando y balbuceando en– trecortadas palabras; y yo volviéndome hacia ella la dije: - Mira, ¿no crees que así saldré bien disfrazado? - ¡Ah qué bueno! Sí, magnífico ... magní6.co !-ex- clamó ella alborozada y riendo de contento, cual una chiquilla, con los ojos húmedos aún de lágrimas. - Como yo nunca he usado patillas, creo que na– die me conocerá en este talante--dije yo mirándome en un pequeño espejo colgado en la pared.
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