El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 2 35 - á Ofelia, á la mujer amada, que debía traerme con mi libertad, mi completa dicha. Al fin llegó la hora deseada, y entonces ya no exci– tación, sino delirio, era lo que yo sentía en esos mo– mentos. Esperar quizá diez, quince, veinte minutos!. ....... . quizá media hora más, ¡oh! esta idea me exaspera– ba, y,acrecía mi angustia! Y entonces, presa de vio– lenta desesperación, corrí á tirarme sobre el lecho, para hundir mi cabeza entre las almohadas y quedar allí, sin conciencia de mi mismo ni de cuanto á mi alrededor pasaba ........ . - J orj e! J orj e! ¿ Duermes acaso? á esta hora! -y Ofelia estremecía mi cuerpo, como si verdaderamen– te estuviera dormido. Describir la escena de lágrimas de caricias, de mútuas protestas, que entre ambos se realizó, sería darle á estas memorias, tinte demasiado romántico, cuando mis propósitos son bien ajenos á esta idea. Después del primer momento, Ofelia dijo:- La guardia está comprada. Treinta mil soles se le ha dado al joven oficial, y cinco mil á los soldados que hoy harán el servicio de centinelas. Yo me sentía aturdido, confuso, sin saber qué re– solución tomar, ni aún me encontraba con ánimo su– ficiente, para decidirme á una evasión. Apenas si atinaba á besar y acariciar á Ofelia, diciéndola : -Dispón como mejor te parezca, yo me entrego á tu voluntad; tú tienes la serenidad de ánimo que á mí me falta.
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