El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 231 - do para suministrar un elemento mortífero, limité mi alimentación á pan y agua. Cuantas veces, incitado por el olor de los potajes -condimentados y provocativos para un estomago hambriento y un cuerpo estenuado por el ayuno, me apoderaba de un plato, resuelto á comerlo, y en el momento de probar el primer bocado, asaltábame la idea de que contenía alguna porción de veneno, destinada á quitarme la vida; y entonces, rechazaba 1os platos, y corría á tirarme sobre mi lecho, sintién- dome hambriento, furioso y desesperado! ........ . Cuando aún esta preocupación no se había apode– rado de mi ánimo, hasta el punto de ser mas pode– rosa que el hambre, sucedíame que, preocupado con otro linaje de ideas, comía distraidamente, y sólo después de haber concluido, ocurríame sentir esa desazón, ese malestar, propio de mi excitada imagi– nación, y que yo, consideraba como los primeros sín– tomas de un envenenamientq. ¡Oh! aquellos fueron días de mortal angustia é in– terminable padecer! Poseído de mi terror al veneno que hábía de ma– tarme, corría furioso y desesperado á estrellarme el craneo, contra los muros de mi prisión. Y faltándo– me el valor para tanto, me indignaba contra mi co– bardía, y maldecía de mi pequeñez! Mas de treinta días habían trascurrido, sin que un solo papel escrito por mis amigos, llegara á traerme una vislumbre de esperanza; lo cual me dejaba com– prender, que la vigilancia se había redoblado, y que estaba rodeado de enemigos.

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