El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 229 - ca falta un artículo en que apoyarse, cuando se quie· re salvar á un pícaro ó condenar á un inocente. Na– da podía pues esperar yo de las leyes; y para agravar mi situación, llegó á mi noticia que en esos días, dos de mis amigos y partidarios, apresados como yo, por el delito de conspiración, habían desapareci– do de la prisión, sin que se alcanzára á descubrir su paradero, y sin que pudiera comprobarse su fuga. La voz pública susurraba que allí se ocultaban rl.os enve– nenamientos muy bien conbinados, y se decía que igual suerte se me esperaba á mí. Algunas esquelas y billetes, llegaron á mis manos, traídas unas por los mismos que desempeñaban el cargo de guardianes, otros ocultos entre los objetos que recibía para mi uso. En todas estas cartas, pe· díanme mis amigos, el que salvara por medio de la fuga, del eminente peligro que me amenazaba. To– dos poco mas ó menos decíanme: - La muerte se cierne sobre la cabeza de U.; es necesario fugar sin pérdida de tiempo, si no quiere U. ser víctima de los asesinos del Gobierno-y todas concluían con esta advertencia-Mucho cuidado con los alimentos!. .... Toda la entereza, todo el coraje que en el primer momento sintiera, convirt.ióseme en caimi~nto, en postración de ánimo, casi en terror, hacia esa mano oculta que sin saber cómo ni en qué momento, debía herirme. ¡Oh! en aquellos momentos inmensa inenarrable angustia, apoderóse de mi alma! No era la muerte con todos los horrores de una intoxicación, lo que mayor espanto me causaba; no, era la satisfacción de
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