El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 228 - un incidente natural, que es necesario contemplar sin hacer más que esperar su fin. Pero léjos de amainar, la tempestad arreció, y mis enemigos se complacieron en hacer llegar á mi prisión, hasta el último papelucho que pudiera lle– varme el éco de cuantos insultos y agravios me lan– zaron. Lentamente principio el nivel moral de mi en~r - gía á descender, y el desfallecimiento fué apoderan– dose de mi espíritu. La prisión y el aislamiento, contribuyen en esos casos al gravamiento del infor– tunio. Excepción hecha de tres 6 cuatro amigos fieles, éntre los que se contaban Ernesto y Montalvo, to– dos, ó casi todos, volviéronse de espaldas, buscando quizá el nuevo sol que debía alumbrarlos. Se me inició el juicio que segun ley, debía ser aclaratorio de mi culpabilidad, como caudillo revolu– c10nano. Desde el primer interrogatorio, comprendí que el delator era uno de los que mejor informados estaban del complot. En cada una de las preguntas del juez, se me revelaba uno de los secretos que yo juzgaba perfectamente guardados. Después de mil declaraciones y otros tantos ca– reos; después de un cúmulo de incidentes y senten– cias, que complicaban cada día más las tramitacio– nes del juicio, resultó que la cuestión tomó un sezgo atrozmente adverso para mí. Los códigos son en el Perú tan elásticos, que nun-

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