El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 226 - dada para mi caída moral, así se desencadenaron todas las iras políticas para escarnecerme é insul– tarme; y la infamia de un delator, vino á ser el cuerpo del delito, no para denunciarme como conspi– rador, sino para condenarme por todas las culpas ciertas y supuestas, de las cuales nadie antes, hubiera– se atrevido á acusarme. Los amigos politicos, son satélites inseparables del éxito. En política, la prosperidad oculta todas la3 manchas del honor; así como la desgracia las descu– bre todas. Cualquier desviación que aleje al caudillo del sen– dero de la prosperidad, es el principio de su futura rui– na. Si mis planes de conspiración hubieran dado feli– ces resultados, esos que con tanta saña escarnecieron mi nombre, hubieran sido los primeros en cantar el H osanaal Dios del éxito; y puesto que un delator ha– bíame traicionado, preciso era derivar de aquel suceso mi ruína, por más que yo no tnviese otra culpa, que la que puede tener la víctima de un asesinato. Y solamente entonces, cuando me consideraron vencido, vinieron á caer en la cuenta, de que yo mere– cía ser acusado por faltas de honradez en el manejo de los caudales públicos. Hasta entónces mi pros– peridad de hombre político, fué la espesa coraza que resguardó mi reputación de hombre honrado. Es que en el Perú, la opinión pública, habla por int erés y calla por cobardía. El éxito aún, siendo culpable es acatado; la acu– sación se guarda sólo para el caído! ...... Y sucedió, que aquel millón de soles producto de

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