El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 225- santes y desconocidas noticias, referentes á le situa– ción política y á la actitud de mi partido. La realidad era más horrible de lo que pude yo suponer. Aquellos á quienes llamaba yo amigos, considerándolos adictos posélitos mios, estaban muy léjos de pensar en el más pequeño sacrificio en bien de mi libertad. - o es de entre esa turba me– drosa y especuladora, de donde puede partir ninguna idea generosa y abnegada-decíale yo indignado á Ofelia. Todos ó casi todos, hicieron como Pedro con Cris– to : me negaron así que me vieron preso, dándose quizá demasiada prisa en augurar mi próxima ruína. Si debiera datar la época en que mis desgracias y mi espantosa caída, tuvieron principio, yo diría que fué en ese momento, en el cual llegó á ser una convicción, lo que antes no pudo ser ni un lejano temor ; convicción cruelísima de que no debía contar · con mis amigos ni menos con mis partidarios. Después de la más íntima y amorosa escena, Ofe– lia separóse de mi, no sin prometerme volver muy pronto á pasar á mi lado, largas y deliciosas horas de amorosa intimidad. Con mi prisión, 6 más dicho á causa de ella, ope– róse en el público y aún entre mis amigos, una de esas inexplicables y curiosas evoluciones, dignas de anotarse en la vida del hombre público. Como si mi apresamiento, hubiera sido la señal 2!)
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