El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 19 -- Gobierno, en demanda de algun destinillo d menor cuantía, y no habiendo alcanzado nada con que ma– tar el hambre de su mujer y sus ocho hijos, des– pechado y furioso, habíase partido á engrosar las fi– las de los revolucionarios, y de allí databa y procedía toda la prosperidad de su vida. Y mi tío moviendo con sorna su blanca cabeza , agregaba; - ada ménos que hoy es todo un perso– naje, un Ministro Plenipotenciario, cuando nunca su– po hacer un escrito de á U. pido y suplico, y sólo ha– ce cuatro años que hubiera vendido su alma al diablo, como Esaú su primogenitura por un plato de len- tejas. · Y en este punto mi tío soltaba estripitosa tisotada que terminaba por fuerte acceso de tos. Esta era con pocas variantes, la historia de todos los hombres de aquella época, improvisados por el espíritu revolucio– nario, y levantados desde las últimasesferas sociales, á la más alta posición social, á semejanza de esas brisnas de hierba, llevadas en alas del viento, sobre la cabeza de los hombres mas eminentes. Ser revolucionario, era á mi concepto ser hombre de acción, ser todo poderoso; era poseer la fuerza de seres sobrenaturales, que podían crear y también des– truir, derribar y también construir. El tema sobre el cual versaban las conversaciones y comentarios en casa de mis tíos, era siempre el mis– mo: eran las depredaciones, los robos, las especula~ ciones en grande escala. La revolución era esperada y deseada como la bien-venida, como la redentora de cuantos abusos y
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