El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
-18- Principiaba apenas mi raz6n á discernir, y :a escu– chaba las interminables narraciones referentes á pol'l– derar las aventuras encantadoras y alucinantes de cuantos revolucionarios habían subido, como por arte de encantamiento, á ocupar altísimos puestos, labrán– dose la más brillante y segura posici6n social. Y es– tos afortunados mortales, salidos de entre los mas c"{,.'?rancados de la clase media, la clase revoluc ionaria no descollaron mas tarde ni por su talento ni por sn patriotismo. Y mi tío siguiendo estas deducciones se pregunta– ba:-Cuáles han sido los méritos de estos~ entre los que se cuentan por centenas abogaditos de ciento en carga, tinterillos y olfateadores de los que viven pescan– do pleitos para enre~ar á los incautos y confiados; ¿ cuá– les son los méritos de esos que han llegado á los pri- meros puestos de la República? ...... -Mi tío se en- cargaba de contestarse á sí mismo y decía:-Han si– do revolucionarios, y esto es suficiente. Y citaba, hasta. faltarle los dedos de las manos, á lo que habían viYido holgazaneando, en completa hara– ganería, y luego con el triunfo del caudillo revolucio– nario, llegaron á la mas alta posición social. Muchos de ellos-decía mi tío-desechados por el Gobierno, debido á sus malos antecedentes, fueron á plegarse á la revolución para entrar mas tarde, triunfantes á la capital con bs insignias de altas graduaciones. Esto después de haber salido de su casa de simples ciuda– danos, sin más mérito que el carecer de oficio conocido. No faltaba en esta relación, alguno de quien decía mi tío, que Je cvnstaba que, habiéndose dirigidc, a1
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