El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

I - 224 - go paletó de subido cuello, dábanle aspecto estu– diantil, rondador de niñas y perseguidor de .amoríos. Rápidamente, después de mirar á todos lados, tiró el sombrero y arrojó los bigotes que le disfra– zaban. Cuál no sería mi sorprosa al reconocer á Ofelia que, hermosa y sonriente, presentóse á mi vista ! Estos lances novelescos y de súbitas impresiones encantábanla, pues que daban pábulo á su espíritu semi-romántico y muy dado á este género de aven– turas. Paréceme estarla viendo, pasados los primeros momentos que para ambos fueron de trasporte y alegría; ella con su natural donaire y festivo carác– ter decíame : -¡Ah! si vieras cómo he temblado al pasar junto á la guardia! Mira, dáme tu mano --y colocando mi mano sobre su seno, agregaba: - ¿' Ya vez? todavía el corazón me hace tu,n ......... ti m •........ tun ........ . Y riéndose del susto hablaba de otra cosa y olvi– daba el tem"a anterior. Después de quince días de no ver más que las caras avinagradas de los gendarmes, ó las ceñudas y antipáticas de jueces, alguaciles·y notarios, el sem– blante de la mujer amada, parécenos un pedazo de cielo alegre y resplande~iente, visto en médio de negra y tempestuosa noche. Ofelia mejor informada que cuantos amigos mios llegaron á mi prisión, me fué portadora de impor-

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