El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 216 - cos ; es decir solamente á aquellos que en época pa- sada fueron á afiliarse á mi bando. ' También entre los abogados vino á ofrecerme sus servicios y su voto uno, cuyos datos biográficos da– dos por Ernesto, no quiero echar en olvido. Era un letrado con estudio abierto aunque pobre clientela; gozaba de reputación de hombre de talento, no de aquellas debidas á alguna combinación finan 1 ciera, _ que por haber dado resultados contrarios de los que su autor se propuso, fueron beneficiosas al Estado, y así dieron fama de financista al autor; el cual no tuvo otro mérito que, proponerse hacer negro lo que le resultó blanco; el abogado en cuestión tenía ver– dadero talento. H¡blaba ton elocuencia, y anima– ción, por más que algunas veces exajerara las metá– foras, y dislocara las ideas. En tiempo no lejano, había desempeñado con talento la cartera de Hacien– da, dejando bien quisto tanto su reputación de hon– rado como su fama de talentoso ; lo cual no es una bicoca, aquí donde la mayor parte de los minis– tros de Estado, dejan el portafólio, maltrechos y ali• quebrados. En época no lejana había sido jefe del partido li– beral rojo; pero algunas partidas de rocambor « ilus– trado 1> de á un sol apunte, abrieron profunda bre– cha en sus exiguas rentas ; y diz que « echando sus cu.entas allá entre sí,>> dedujo que más fácilmente sal– daría sus deudas afiliandose al partido ultramonta– no, que de jefe de un partido poco liberal, en aquello de llen arle á él su bolsillo; y de la noche á la maña– na tornose furioso defensor de « ciwas y conventos. 1> Y no se equivocó en sus positivistas deducciones. Su
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