El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 17 - ' que había pretendido suprimir á un prestigioso cau- dillo ; no así las gent s sensatas y enemigas de moti– nes y revueltas: esas, diz, que manifestaron su con– tento, diciendo que jamás hubieron desde que se in– ventó la pólvora, balas mejor empleadas que aque– llas, destinadas á dar fin, con la vida de un pobre diablo, sin mérito ninguno, que era ya « un conspira– dor de oficio ». Yo que no hago más que consignar aquí, las vef– iones llegadas hasta mí, no puedo juzgar hasta qué punto serían ciertos estos ofensivos juicios. Mi tío, contagiado también por la fiebre revolucio– naria, que por largas épocas ha reinado en Arequipa, parece que había sido en sus mocedades partidario. ora de Gamarra, ora de Salaverry, hasta que á la ve– jez llegó á ser tino de esos vivanquistas, fanático y em– perrechinado, y tan ciego en su cariño cual lo son esos mahometanos que viven creyendo en las relacio– nes del ángel Gabriel; pero es el caso que, dadas la~ leyes del atavismo, mi buen tío, no debía tener mas que una opinión, y ésta infaliblemente debía inclinar– se á favor del caudillo que con mas frecuencia hubie– ra levantado la bandera de la rebelión. Yo me eduqué y crecí, alimentado y nutrido en aquella atmósfera, impregnada de ideas subversivas y principios revolucionarios, dirigidos todos en con– tra de 'cuanto tuviera visos de gobierno constituido, el cual, por el hecho de serlo, siempre aparecía tirá– nico y abusivo. En cambio todos los caudillos se me aparecían como redentores que se elevaban cual ce– leste promesa de futuras prosperidades.

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx