El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 213 - Sigamos adelante con el diálo .,o de mi amigo, doc– tor en medicina. - Señorita: desde que Ud. está á la cabeza de nues– tro partido, el bellismo ha crecido que ya es un gigan– te. ¿ Quién no ambicionará pertenecerá este bando, para acercarse á la mujer más hermosa y seductora <le Lima? .............. . En otro grupo oía decir; - Aquí no hay más qu ~ agarrarse firme á la Coronela Bella; ella es la que hace y deshace de todo el partido. Un hombre de edad, de esos que por lo mismu que llevan conducta reprensible, quieren a todo even– to guardar apariencias de moralidad, decía : - Cosa fuerte es esta, de venir á la misma casa de la querida de un caudillo; pero que diablos puede hacerse, si ya todos han convenido que ella es el alma de las conspiraciones ? Y haciendo una mueca de disgusto se rascaba la nuca y refleccionaba sobre ese tema. Algunas veces, ímpetus celosos estremecían mis nervios y turbahan mi tranquilidad, y entónces dis– curría que muy posible era que muchos de los que se decían partidarios míos, no fueran más que enamo– rados de Ofelia ; y arrebatado por estas ideas, la cóle– ra y el arrepentimiento se apoderaban de mi ánimo ; y miraba con disgusto el que ella tomara parte tan activa en nuestros planes de conspiración. Otras veces ocurríame la idea de arrojar léjos de Ofelia á toda es gente ruín, cuyo aliento la empeña– ba, pero la veía á ella tan entusiasmada, tan empeño-

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