El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
-- 2II - Bien pronto nuestro domicilio , aquel que Ofelia bautizara con el cariñoso nombrc de nido de amor, quedó convertido en punto de reunión de algunos de mis partidarios; de aquellos que medran especulan– do con los partidos políticos. A. las ocho de la noche de cada Sábado, el pequeño saloncito azul, estaba atestarlo de visitantes, aseme– jándose á colmena de homores que se movían, ha– blaban, fumaban, como si se ha.liasen en un club de partido . El salón resultó estrecho y escasos los asientos; fué necesario para que los concurrentes no perma– necieran de pié toda la noche, acudir á las butacas del dormitorio, y hasta álas sil1as del comedor. A1 ,K – llo se convertía de más en :nás en verdé'.1.rkra inva– sión. Ofelia habituada á sus rurnbosidades de gran ~e– ñora, no escatimaba los refrescos y la cerveza, y solía también invitar á sus visitantes algo más sólido co11 que refocilar los estómagos; lo cual infiero que fué uno de los atractivos de esas reuniones, donde había mucha gente, de esa que como á los peces, se les apresa sólo por la boca. La Condesita del pescante, quedó pues, como ella de– cía, sin saberlo ni pensarlo, directora de mi partido; :,," se presentaba allá en médio de esa concurrencia,
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