El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 208 -- faltaban los consabidos conceptos de: Ud. es el único hombre qi1,e puede salva1' el país, ó Ud. es el prohombre de la sititación, Ofelia las leía y releía, y muchas ve– ces pretendía contestarlas ella misma. Cuando yo recibía mi comunicación del correo, ella de pié recli– nada en mi hombro, seguía con la vista lo que yo en alta voz leía; y acariciando mis cabellos con sus ma– nos, escuchaba aténtamente la lectura. Algunas veces al terminar una carta decíame: - o ves, no ves, sólo falta que tú te presentes allá y ya verás como to– do arde como un castillo. Mira, si yo estuviera en tu lugar, mañana mismo pusiera fuego á la mina, y me proclamaría Presidente de la República. ¡ oh·! qué cobardes son los hombres! Y poseída de ardoroso fervor revolucionario, se paseaba en la habitación, y yo la daba pié, y juntos forjábamos mil proyectos de sublevaciones de cuar– teles y pronunciamientos de pueblos, todos á cual más descabellados é insensatos. Un día, supimos que pará asegurar la tranquili– dad del Departamento de M. debía enviarse allá, una guarnición comandada por un coronel, cuya fa– ma de enamoradízo y amante del bello sexo, era bién conocida. Ofelia envió á llamarlo y con él tuvo larga conferencia que yo no me cuidé de presenciar. En la noche ella sumamente conmovida me hablaba de las seguridades y promesas dadas por el coronel, por las cuales quedaba él solemnemente comprome– tido á adherirse á cualquier movimiénto revoluciona– r io, que en mi favor se efectuara en ese Departamento. Y o entónces no alcanzaba á pre,·eer, ni podía dar-
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