El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 207 - Ent6ncesella, estrechándome amorosamente entre -us brazos, acercaba su cabeza á mi oído para decir– me:- Jorge, amor mio, yo quiero verte pronto llevan– rlo la banda presidencial del Perú. Y yo al escuchar estas palabras, sentíame con áni– mo suficiente para lanzarme como el Gran Napoleón á atacar un puente cerrado de cañones. Cual si sus amorosas palabras, fueran dulce arru– llo de mi amor propio, preguntábala yo: - Díme se– ré yo capaz de ser un gran presidente del Perú? Y ella entusiasmada y con el tono de la convic– ción, decíame: - Quién puede igualarte, ni ménos sobrepasarte? tú tienes valor, talento, energía; tú puedes ser más grande que Bolívar, ó Washington y guíza más gran– ele que los dos juntos. Y yo envanecido con sus palabras, confirmadas á cada paso por los mil y mil aduladores que me ro– rleaban, soñaba con glorias y triunfos que el porve– nir había de regalarme. Los pequeños homenajes que, como jefe de parti– do, yo recibía, Ofelia los agrandaba y comentaba me_ nudamente, y así no fueran de los más insignifican– tes, ella con maternal delicia los aceptaba, y yo con– tagiado de su entusiasmo, y seducido por sus pala– bras, me imaginaba crecer moralmente tanto, que algúna vez antojóseme ser algo así como un semi– dios. Las cartas Jlegadas de las provincias, escritas mu– chas en detestable castellano; pero en las que no
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