El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 206 - Legitimar con indisolubles lazos nuestra pasión ' era en ella su dorado sueño, la uprema ambición de toda su vida; pero sin que tras ese noble anhelo se trasluciera ninguna mira interesada, ni móvil al – guno egoísta. Un día, estando ella amorosamente reclinada en mi hombro, dirigióme esta pregunta . - Dime, ¿ si yo enviudara te casa.rías tú conmigo ? Y yo esperando descubrir la incógnita contestéle: - No me casaría, porque creo que casado no t e amaría tanto como te amo ahora. Ella sin alterarse, con todo el artificio de la mujer de talento díjome. - Es que si quiero que nos casemos, es sólo para exigirte que me ames más aún. Mi contestación no ]a disgustó, por más que ella esperara oirme decir que ser su esposo era mi má. constante aspiración. Cada día con el frecuente trato, descubría yo se– mejanzas, tanto en nuestros caractérescomo en nues– tras ideas y sentimientos, que contribuían á darme la convicción de encontrar en su alma, esa bella mi– tad que completa nuestro ser, y que cual las cuerdas ele un instrumento, vibra unísono al par de nuestro ser en todas las situaciones de la vida. Yo la veía entusiasmarse, ó como decía ella, <t ruo– rj rse de gusto>> cuando se imaginaba que yo, ya fuer a ~ncabezan do un movimiento revolucionario, ó por medio del voto electivo ele los pueblos, había de ll e– g-ar á la presidencia de 1a Repüb]i ca.

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