El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

-16- esos humillos de la viuda del coronel, decía: -Tiene razón mi hermana, su marido hubiera llegado á la presidencia de la República; él tenía todas las condi– ciones requeridas para ser el sucesor de otrns mu– chos; era militar, ignorante, bruto y porfiado. Los amigos íntimos de mi familia, decían que las desi:nedidas ambiciones. de la ex-coronela, fueron causa de la muerte de su esposo. Parece que ella, con ese ineludible dominio que la mujer peruana ejerce, tanto sobre su amante, como sobre su esposo, habíal~ compelido cor:i ahinco é incesantemente, di– ciendole:-Arrostra los peligros y desafía la muerte, con _tal de llegar allá, donde llegan en este país, los ~m-biciosos y atrevidos. Y el buen _hombre, obede– ciendo, con la sumÍsión .del soldado que recibe la consigna, lanzó;e espada en mano, á conquistar el puesto señalado por su ambiciósa esposa. Los amigos y compañeros del difunto coronel, mirábanla con se– creto rencor, diciendo á sus espaldas, que ella había sa– crificado á ese buen militar que murió, victimado por sus mismos soldados, en una de las muchas subleva– ciones de cuartel que, siguien.Jo inveteradas prácti– cas, había él intentado, con el fin de proclamarse Jefe del pronu,iciamieuto de Arequipa. Snsurróse entre las personas más caracterizadas de la sociedad arequipeña , qne los asesinos del coro– nel Espoleta, habían sido gentes pagadas por el Go– bierno, que, no pudiendo de otra suerte suprimir á ese infatigable amotinado, hizo organizar una suble– vación, con el intento de hacerlo asesinar.

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