El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 200 - tono car iñoso, y luego a 0 regaba: - También toda la eternidad [ .. . . .. ... ... · Y en esos momentos yo experimentaba en t odo mi ser, esa pleni'tud de sensación, de entorpecimien– to deli cioso, de la pasión satísfecha. Y allá á su lado, olvidaba los partidos, olvidaba las conspiraciones, y hubiera renunciado á todos mis sueños y á todas mis aspiracion es, para vivir así, e n la extática contemplación de la mujer, amada. Abstúveme de participar á mis amigos mi cambio de domicilio, y Ofelia aprobando esta resolución decía: -Sí, que no vengan con sus visitas á interrumpir nuestra felicidad . Y así pasábamos las horas, los días y las semanas, en esa embriaguez, deliciosa y apetecible para el hombre que satisface todas sus aspiraciones, desem– peñando el papel de amante; pero dañosa y soporí– fera para el hombre público, que ha menester poner en actividad todas sus facultades, en pró de la aspi– ración que se propone realizar . Estas r eflecciones cruzaban de contínuo por mi mente, y aquella vida ociosa, inactiva monótona, in ninguno de los alicientes que pudieran amenizarla, debía dej ar inmensos vacíos en un espíritu inqui eto . vehemente ambicioso de gloria :\' r enombre como es el mfo . Y así fué que un día, el menos esperado, sent í él l– go que al primer momento no me atreví á llamar a.burriniiento ; pero que t enía de él todos su~síntomas.

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