El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social

- 201 - Y no sin cierta ansiedad, mezclada de asombro. preguntábame yo: - ¿ Será posible que hasta la feli~ cidad llegue á aburrirnos? No, no era dable suponer tal aberración; y luego, mi amor, mi inmenso amor, no había disminuido un punto: y entonces cuando tales ideas me asaltaba 11 1 yo me acercaba á Ofelia para estrecharla en mis bra– zos y decirla con toda la sinceridad de mi corazón : - Cuán felices somos. querida mía, ¿note parece qu e esta dicha ha de se r tan duradera como nuestra vida"? -- Ya lo creo; con tal que tú seas siempre el mi - rno, yo no he de cambiar jamás ....... . ... . Y yo con la cabeza reclinada sobre el seno de Ofe– lia, amorosamente acariciado por ella, y sintiéndome bajo la deliciosa embriaguez del amor satisfecho, yo me preguntaba; - Y qué vá ser de mis sueños de gloria, de mis grandes ambiciones, si todo debo sacri– ficarlo á esta situación ! Parecíame que el tiempo corría llevándose cada día una parte de mi mismo, una parte de mi energía, de mi reputaciún, de todo aquello que yo considera– ba como la base de mi futuro engrandecimiento. Huía de mis amigos, no ya por temor de que ellos vinieran, como decía Ofelia á interrumpir mi felici– dad, sino por temor de que me hablaran de mi con– ducta, no fuera más que alusivamente á aquello que E::n mi posición social, no podía dejar de considerarse como grave falta. Por lo mismo que Ofelia me encarecía á cada mo– mento el inmenso sacrificio de su virtud, hecho en 2(i

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