El conspirador, autobiografía de un hombre público : novela político social
- 1 99 - Yo amaba á Ofelia, amábala con toda la energía de mi alma, con todo el ardor de una pasión robusta, que no necesita para su alimento, más que las satisfac– ciones que la naturaleza le pide al amor. Y Ofelia, cada día más afectuosa, correspondía á mi amor, colmándome de caricias y halagos, que me dejaban satisfecho y feliz, tanto cuanto es posible erlo, en aquellos momentos en que olvidaba todo lo que podía contrariarme. Y yo la miraba pasar, gentiil, arrogante, atareada en las faenas de la casa, enviándome carifiosas son– risas, que yo correspondía con palabras de la más efu– siva ternura, Otras veces, yo corría á detenerla, sintiendo deseo de besar sus cabellos, su cuello, y después de estas expansiones, retornaba á mis tareas de político y Jefe de un partido, y volvía contento satisfecho, queriendo convencerme á mi mismo, que aquella dicha debía ser tan duradera como mi vida, por más que el porvenir se me presentara oscurecido bajo siniestras sombras. Considerábame tan dichoso á su lado, allá en su saloncito de muebles celestes, que ella había arreglado, siguiendo mis consejos, que muchas veces, sin hablar una pa– lábra, yo contemplándola y ella, acariciando los ri– ws de sus cabellos, sentía que mis ojos se llenaban de lágrimas, y temblaba al pensar que aquelb felici– dad podía terminar. Y entonces, acercando mi ca– beza á su seno decíala: Ábrázame, abrázame Ofelia. dime que me amas, q,ue me amarás toda la vida. - Nada más que toda la vida? - decíame ella con
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